Spoiler: casi nunca necesitas una app. Necesitas que el cliente vea la carta en 3 segundos sin descargar nada.
La app propia: casi siempre un error
Nadie descarga la app de un restaurante que visita dos veces al año. Las apps tienen sentido con pedidos recurrentes (delivery propio, cafetería de oficina). Para el resto, es dinero enterrado en un icono que nadie toca.
La carta QR bien hecha
No un PDF que obliga a hacer zoom: una carta web que carga al instante, con fotos que dan hambre, alérgenos claros y precios actualizables por ti en segundos desde el móvil. Eso cuesta una fracción de una app y lo usa el 100% de tus mesas.
El paso siguiente que sí renta
Cuando la carta funciona, añade reservas online y pedidos para recoger. Mismo sistema, sin apps, y cada mesa nueva es margen directo.
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